“Con ‘Quiero’ se cierra una etapa y se abre otra: los cincuenta años vividos quedan aquí, descansan aquí, y empieza mi segunda media vida”

“Con ‘Quiero’ se cierra una etapa y se abre otra: los cincuenta años vividos quedan aquí, descansan aquí, y empieza mi segunda media vida”

Alejandro Palomas, ganador del último Premio Nadal, presenta su primer poemario, que se publica en la colección Vandalia

 

Ha compaginado la traducción con la creación literaria, y la narrativa con la poesía, género que ahora nos ocupa. Reciente ganador del Premio Nadal con la obra titulada ‘Un amor’, Alejandro Palomas es un escritor con un público amplio que ha seguido fielmente sus novelas, pero con una obra poética que sigue siendo desconocida para muchos de sus lectores habituales. Y este nuevo libro, ‘Quiero’, publicado en la prestigiosa  colección Vandalia, es una declaración de intenciones en todos los sentidos: accedemos de una vez a todo su mundo poético, distinto y complementario de su narrativa, que con este libro viene a cerrar una etapa vital y creativa, al mismo tiempo que nos adentramos en la personalidad del autor y en sus reflexiones más profundas e íntimas.

Emoción y reflexión conviven en los libros de poemas de Alejandro Palomas ya publicados, y que ahora aparecen reunidos en este volumen, que suma a los tres ya conocidos –‘Tanto tiempo’ (2012), ‘Entre el ruido y la vida’ (2013) y ‘Aunque no haya nadie’ (2014)– un cuarto hasta ahora inédito, ‘Quiero’, definido por el autor como un pequeño viaje por el despertar a la segunda vida de un hombre que no tuvo una infancia entera y al que ahora, cumplidos los cincuenta, el tiempo le ha dado un respiro.

– ¿Qué diferencias hay entre el Alejandro Palomas narrador y el Alejandro Palomas poeta? ¿El poeta es más atrevido, o más reflexivo e íntimo?

– La gran diferencia entre el narrador y el poeta es que el primero es más visceral, está más implicado en lo que cuenta porque no filtra. El narrador vive y comparte lo que vive a la vez que lo experimenta, por eso llega así, tan directo al plexo. El poeta, en cambio, es más paseante: se sienta a mirar, se da su tiempo para entender y explicarse la vida. Es como si el narrador se comiera el tiempo y el poeta se paseara sobre él, mirándolo todo, mirándose mirar. Hay reflexión en el poeta, hay una voz que se escucha y se analiza. Esa es la diferencia.

– Afirma que la música de sus novelas y la de sus poemas se asemejan. ¿Puede explicar algo más esta sensación/comprobación?

– La música de un escritor es su marca, su manera de latir en el mundo. Nadie late igual, cada uno de nosotros late de un modo único. Yo soy la música con la que escribo, la que respira entre mis líneas, y eso no cambia de la ficción a la poesía. Quien me conoce como novelista debe reconocerme en todo lo que lee de mí, porque yo no sé ser nadie más, no me interesa, no me lo creo. Llevo escuchando el mismo cedé desde hace 11 años. En mi casa solo suenan esas piezas una y otra vez, y eso me recuerda que respirar o escribir o componer es recordar que no debes dejar de ser nunca tú.

– ¿‘Quiero’ llega en un momento de reflexión, de sosiego?

– En mi caso, los períodos de sosiego se entrelazan siempre íntimamente con los de mucha actividad emocional, hasta el punto de resultar prácticamente solapados. El poema llega porque la voz está activada y porque el plexo sigue abierto. El sosiego llega después, cuando el poemario está fuera y la voz ya no dice.

– ¿Es un punto de inflexión después de los libros de poemas anteriores?

– Es un punto y final. Con ‘Quiero’ se cierra una etapa y se abre otra: los cincuenta años vividos quedan aquí, descansan aquí, y empieza mi segunda media vida. El poeta deja de escuchar al hijo y levanta la mirada porque por fin ha descubierto que el vacío, el que envuelve al funámbulo, está dentro y es hermoso porque está entero.

– ¿Qué temas predominan en este libro?

– La observación, la reivindicación de la soledad, la fe en la imaginación, la fuerza de lo que somos y la grandeza de la fragilidad.

– ¿Comparte los lectores de poesía con los que leen sus novelas?

– En algunos casos, aunque creo que muchos de mis lectores y lectoras no se han acercado a mi poesía todavía, porque tampoco yo la he ofrecido en abierto. Creo que eso cambiará con este volumen. A pesar de que mi obra narrativa es bastante extensa, tengo la sensación de que mi poesía es necesaria para completar el rompecabezas que ofrezco.

– ¿Tiene poetas de cabecera?

– No tengo poetas de cabecera como no tengo tampoco novelistas de cabecera. Hay poemas que me acompañan durante un tiempo, como acompañan los siglos los amores, pero nunca un autor ni un poemario entero. Admiro a Anne Sexton y a María Eugenia Walsh, a Robert Creeley y a Leonard Cohen, a Philip Larkin y a Emily Dickinson. Últimamente leo y releo a Ben Clark y a Aroa Moreno.

Emoción y reflexión conviven en los libros de poemas de Alejandro Palomas ya publicados, y que ahora aparecen reunidos en este volumen, que suma a los tres ya conocidos –‘Tanto tiempo’ (2012), ‘Entre el ruido y la vida’ (2013) y ‘Aunque no haya nadie’ (2014)– un cuarto hasta ahora inédito, ‘Quiero’, definido por el autor como un pequeño viaje por el despertar a la segunda vida de un hombre que no tuvo una infancia entera y al que ahora, cumplidos los cincuenta, el tiempo le ha dado un respiro.

– ¿Qué diferencias hay entre el Alejandro Palomas narrador y el Alejandro Palomas poeta? ¿El poeta es más atrevido, o más reflexivo e íntimo?

– La gran diferencia entre el narrador y el poeta es que el primero es más visceral, está más implicado en lo que cuenta porque no filtra. El narrador vive y comparte lo que vive a la vez que lo experimenta, por eso llega así, tan directo al plexo. El poeta, en cambio, es más paseante: se sienta a mirar, se da su tiempo para entender y explicarse la vida. Es como si el narrador se comiera el tiempo y el poeta se paseara sobre él, mirándolo todo, mirándose mirar. Hay reflexión en el poeta, hay una voz que se escucha y se analiza. Esa es la diferencia.

– Afirma que la música de sus novelas y la de sus poemas se asemejan. ¿Puede explicar algo más esta sensación/comprobación?

– La música de un escritor es su marca, su manera de latir en el mundo. Nadie late igual, cada uno de nosotros late de un modo único. Yo soy la música con la que escribo, la que respira entre mis líneas, y eso no cambia de la ficción a la poesía. Quien me conoce como novelista debe reconocerme en todo lo que lee de mí, porque yo no sé ser nadie más, no me interesa, no me lo creo. Llevo escuchando el mismo cedé desde hace 11 años. En mi casa solo suenan esas piezas una y otra vez, y eso me recuerda que respirar o escribir o componer es recordar que no debes dejar de ser nunca tú.

– ¿‘Quiero’ llega en un momento de reflexión, de sosiego?

– En mi caso, los períodos de sosiego se entrelazan siempre íntimamente con los de mucha actividad emocional, hasta el punto de resultar prácticamente solapados. El poema llega porque la voz está activada y porque el plexo sigue abierto. El sosiego llega después, cuando el poemario está fuera y la voz ya no dice.

– ¿Es un punto de inflexión después de los libros de poemas anteriores?

– Es un punto y final. Con ‘Quiero’ se cierra una etapa y se abre otra: los cincuenta años vividos quedan aquí, descansan aquí, y empieza mi segunda media vida. El poeta deja de escuchar al hijo y levanta la mirada porque por fin ha descubierto que el vacío, el que envuelve al funámbulo, está dentro y es hermoso porque está entero.

– ¿Qué temas predominan en este libro?

– La observación, la reivindicación de la soledad, la fe en la imaginación, la fuerza de lo que somos y la grandeza de la fragilidad.

– ¿Comparte los lectores de poesía con los que leen sus novelas?

– En algunos casos, aunque creo que muchos de mis lectores y lectoras no se han acercado a mi poesía todavía, porque tampoco yo la he ofrecido en abierto. Creo que eso cambiará con este volumen. A pesar de que mi obra narrativa es bastante extensa, tengo la sensación de que mi poesía es necesaria para completar el rompecabezas que ofrezco.

– ¿Tiene poetas de cabecera?

– No tengo poetas de cabecera como no tengo tampoco novelistas de cabecera. Hay poemas que me acompañan durante un tiempo, como acompañan los siglos los amores, pero nunca un autor ni un poemario entero. Admiro a Anne Sexton y a María Eugenia Walsh, a Robert Creeley y a Leonard Cohen, a Philip Larkin y a Emily Dickinson. Últimamente leo y releo a Ben Clark y a Aroa Moreno.

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