¿Quieres leer los relatos ganadores del certamen escolar ‘Mi libro preferido 2019’?

La sede de la Fundación Cajasol en Sevilla acogió el acto de entrega de los premios a los mejores trabajos recibidos

La Fundación José Manuel Lara quiere compartir los relatos ganadores del VI concurso escolar ‘Mi libro preferido’, que se leyeron en el acto de entrega de los premios, celebrado en la sede de la Fundación Cajasol en Sevilla. Nos sentimos especialmente orgullosos de esta actividad para el fomento de la lectura -y que también anima a los chicos a escribir-, ya que año tras año ha ido creciendo el número de centros educativos participantes y de chavales lectores que quieren compartir su experiencia y sensaciones.

Asimismo, presentamos el vídeo ganador al mejor ‘booktrailer’, que también resultó premiado, un trabajo de Franco Castillo Gil, del IES López Neyra de Córdoba:

https://vimeo.com/342290004

– GANADORA ABSOLUTA. Autora: Clara Molina Reyes. Curso: 1º ESO D. IES Inca Garcilaso, Montilla (Córdoba)

‘Momo’

Momo es un libro del que me enamoré al leerlo, ya que refleja la sociedad desde el punto de vista de una niña maravillosa cuyo don es saber escuchar a los demás. Es uno de esos libros que te sumergen en una aventura de la que no puedes escapar; te atrapa y no puedes parar de leer.

Es atemporal, se puede leer en cualquier época y por personas de diferentes edades, ya que habla de temas cotidianos y habituales en la vida de cualquier ser humano: la amistad y el valor de las cosas sencillas, esas de las que no nos damos cuenta porque siempre vamos con prisa, las que de verdad importan.

En este libro se habla mucho sobre la importancia del tiempo y la gran importancia de invertirlo en cosas humanas, de compartirlo con otras personas: amigos, familia, compañeros… También nos lleva a apreciar las cosas que te rodean: una puesta de sol, las flores… Frente a esto, estaría la práctica de invertir tu tiempo solo en trabajar y no poder apreciar valores tan sencillos como un poco de diversión. Respecto a eso, en el libro, hay una frase que, en mi opinión, es una de las que mejor lo resumen, expresando una gran verdad:

“El tiempo es oro, ¡ahórralo!” “Invierte tu tiempo en lo que de verdad te haga feliz”

Me gusta este libro porque me gustan los libros que remueven conciencias, que te empujan a reflexionar sobre la vida, que ponen patas arriba tus sentimientos y tus ideas; con libros como Momo, aprendes a mirar la vida de una manera diferente, dándole valor a las pequeñas cosas, que no son las menos importantes, y todo esto, de manera amena, con una narrativa fácil de entender, que te engancha desde el minuto uno.

Otro aspecto que valoro en este libro es su personaje principal. Los personajes de un libro son tan importantes como su argumento, ya que, si el argumento es muy bueno pero los personajes carecen de carisma, la historia queda coja. Momo, el personaje principal, tiene grandes cualidades; es gran amiga de sus amigos, justa y, sobre todo, tiene una imaginación tremenda: no le hace falta ningún juguete u objeto, sin embargo, es capaz de transportarte a un mundo lleno de aventuras y fantasía. Pero si hay algo que de verdad me gusta es su gran capacidad para escuchar a los demás. Aunque no conozcas a Momo de nada, es genial contarle tus ideas o preocupaciones, ya que ella siempre está ahí para escucharte. El saber escuchar es un gran valor; siempre aprenderás algo y además ayudas siendo empático/a con la otra persona. Momo también es muy observadora, se da cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor y busca soluciones. En todo momento ha sido capaz de analizar a los demás y la situación por la que estaban pasando en la historia que narra el libro.

Siendo sincera, creo que otra cosa por la que me gusta este libro es porque aprendes de él. Te enseña a valorar las pequeñas cosas y a disfrutar el AHORA, lo que tienes y a quién tienes.

También es muy divertida la forma en la que está narrada la historia. Hay muchas metáforas y símbolos, de forma que, hasta que no reflexionas, no eres capaz de entender algunas partes como la de los hombres grises o la de la propia Momo. Los títulos de los capítulos te ayudan a que reflexiones, aunque también te confunden, por ejemplo:

‘‘Una tempestad de mentira y una tormenta de verdad’’ ‘‘Historias para muchos e historias para una’’

En definitiva, puedo asegurar que recomendaría este libro a todos mis amigos y amigas, a todos mis familiares y a todo el planeta Tierra.

– Autora: Myriam Rodríguez Baratto. Curso: 1º ESO B. IES Juan Goytisolo, Carboneras, (Almería)

‘Viaje a Agra’

Me levanté de sobresalto del profundo sueño de la noche; sabía que tenía algo que hacer muy importante y que yo no podía fallar. Miré fugazmente a mi derecha y vi a mi hermana Alessia durmiendo profundamente, enrollada en el edredón como una croqueta. “¡Ahora recuerdo! ¡Es  sábado!”. Miré el reloj con la esperanza de que estaba todavía a tiempo. ¡Eran las nueve menos diez minutos!. “¿Por qué no intentarlo?”, me propuse.

Tenía unos diez minutos para llevar a mi hermano de nueve años a la parada del autobús  para que se fuera al partido de balonmano con su equipo. Me vestí rápidamente con la ropa que encontré a los pies de mi cama. Apartando el pelo de mi cara a golpes de mano, como si estuviera espantando moscas, me puse las zapatillas deportivas a modo “calcetín”, sin desabrochar los cordones. Bajé  corriendo las escaleras y fui directamente al salón; vi a mi hermano sentado en el sofá, despierto, vestido con la equipación y con una mirada casi fulminante y al mismo tiempo sorprendido de verme tan nerviosa. Sin cruzar palabras lo cogí de la mano y agarré con la otra mano la mochila del deporte, colgada en la esquina de la silla. Salimos de la casa sin ni siquiera echar un vistazo a las típicas notas que siempre solían dejarnos mis padres, antes de irse a trabajar, colgadas con un imán en la nevera. No había tiempo para entretenerse con nada. Subiendo la calle a toda velocidad y casi arrastrando a mi hermano, llegamos a la parada del autobús.

¡No había nadie! En un instante pensé que era temprano, pero tampoco había niños esperando ni padres desperdigándose para volver a sus casas. Tuve que resignarme y por fin decirle a mi hermano la verdad: “José has perdido el autobús. Hoy no podrás jugar”. Esas palabras me dolieron tanto que no quise mirar a esos ojos grandes con pestañas largas de mi hermano. Triste y desolada me senté en la cabina donde se espera los autobuses y enseguida también mi hermano me acompañó, quizás porque allí estábamos más resguardados de la ligera brisa matutina.

Pensé que había estropeado el día a mi hermano porque le gustan mucho los partidos con su equipo y tuve que hacer un esfuerzo para atreverme a mirar esa carita redonda y morena; le abracé lo más cariñosamente posible. Quiero a mi hermano y creo que sería capaz de dar lo que fuera por él. Sí, lo quería como Lalú quería a su hermana Maya o viceversa… Esa historia era perfecta para contársela a mi hermano, y así olvidaría el partido. “Mi querido hermano, te voy a contar un cuento  de un libro que casualmente (digo casualmente, porque lo encontré en el sótano de los abuelos) y me gustó mucho”.

El libro, Viaje a Agra, cuenta la historia de Lalú, un chico Indú de trece años y su hermanita Maya que quisieron emprender un largo viaje a pie desde Katwa hacia Agra solo con la intención de que Maya se curara de los ojos, que estaban a punto de quedarse ciegos. Lalú quería tanto a su hermana que cuando nadie de su familia, ni padre, ni madre, ni abuela podían hacer ese viaje por distintos motivos, se ofreció él para cumplir el sueño de Maya, que era volver a recuperar completamente la visión para ir a la escuela y aprender a escribir y leer.

Ellos vivían en una pequeña aldea de la India pero Agra, el lugar donde estaba el médico que podría curar a su hermana, estaba demasiado lejos y lleno de peligros. Sin embargo, Lalú era muy valiente, aunque delgado era fuerte, ágil y sobre todo, quería lo mejor para su hermana. Así que un día emprendieron su camino: descalzos y con poco equipaje y poca comida se atrevieron a cruzar campos, recorrer caminos y carreteras que nunca habían conocido. Sufrieron hambre, calor, miedo, sed y peligro de mordeduras de serpientes y sin hablar del dolor de las espinas casi invisibles de los cactus por ir descalzos. Maya solo tenía siete años y durante el camino, algunas veces, pudo viajar subida a un camello, a un carro, pero el valiente Lalú siempre fue a pie. Los niños en India están acostumbrados al cansancio y a una vida difícil pero eso no les impide disfrutar de los momentos de alegría que les da el día.

Tú te preguntarás si en algún momento no tenían frío o miedo por estar lejos de casa. ¡Por supuesto que sí! Por las noches, encendían pequeñas hogueras con el estiércol seco de las vacas para calentarse y dormían en el suelo tapándose con  una pequeña manta que llevaban hasta cubrir la cabeza. Lalú era capaz, con solo trece años, de superar retos demasiados grandes para su juventud sin contar la responsabilidad que asumió al ofrecerse para el viaje. Pero su amor fraterno hacía su hermanita lo convertía en un ser maravilloso, único e increíblemente generoso porque en ningún momento pensó en sí mismo; al contrario, siempre pendiente de las necesidades de su hermanita Maya. “¿Más o menos yo me parezco a Lalú, verdad Jose?”, le pregunté a mi hermano, guiñándole  el ojo y  esperando que me dijera que sí. Pero él me contestó que siguiera con el cuento; y así hice…

Lalú y Maya durante ese largo camino lleno de aventuras, conocieron a personas buenas y malas. Por ejemplo Ahmed, era una persona buena, un hombre que llegó a ayudar a los niños en todos los sentidos. Maya estaba cojeando de un pie por haberse hecho daño por culpa de un fuerte pisotón de un hombre, y gracias a esta buena persona, pudo seguir el camino durante tres días en la joroba de su camello. También fue muy útil para Lalú porque le enseñó que ser honrado, generoso y sincero siempre tiene la de ganar. Ahmed salvó a los dos niños de un policía que iba a detenerlos por considerarlos unos ladrones.

También, querido hermano, hay una parte en el libro que cuenta cómo en una de las etapas del viaje llegaron a una fábrica de tejer telas, donde los obreros eran niños. “¿Entiendes José? ¡Niños como nosotros!”.  No  puedo entender como esos niños podían hacer un trabajo de adultos y sus padres consentirlo. Había un montón de niños, más grandes, más pequeños, pero todos trabajando con mucha disciplina, con habilidad extraordinaria en sus telares. Había un niño con un solo ojo, Ramdas, que lo perdió  a causa de unas garras de un oso. ¡Pero seguía trabajando!

Uno de mis momentos preferidos de este libro es cuando en su viaje, Lalú es sorprendido por una grata sorpresa: el reencuentro con su perro Kanga. ¡Kanga era muy especial! Había sido un perro de circo, ¡sabía bailar subido en las dos patas traseras! Lalú y Maya pudieron venderlo, para así ganar un poco de dinero y viajar en algún vehículo, carro o camello, pero ni Lalú era capaz de separarse de él, ni el perro capaz de cambiar de dueño tan fácilmente. ¡Era fiel! Kanga fue de gran compañía para los dos niños durante el viaje.

“¿Sabes, José, lo que pasó cuando llegaron por fin a Agra?” Las aventuras no habían terminado, no fue fácil encontrar el médico que curara lo ojos de Maya. Nadie quería hacerse cargo de la niña hasta que conocen Prasad, que ofrece su casa para que Lalú y Maya puedan quedarse hasta que la niña se cure. En esa casa, Lalú aprende a leer y a escribir. Aprende de algún modo también que ya no es tan niño, que a partir de ahora podía decir a voz alta que era el hermano mayor de Maya. Demostró con este viaje que lo que en el fondo quería era solo que su hermana fuese como todos los demás niños de su edad. El increíble amor fraterno que sentía era signo de madurez “Hermano casi como yo contigo…” y le miré otra vez de reojo a ver su reacción.

“Pero, ¿al final Maya se curó de los ojos?”, me preguntó. “Eso lo tendrás que descubrir tú. Por eso te invito a leer esta gran aventura que tanto me enamoró. Tendrás que averiguar si el sacrificio tiene recompensa”.

– Autor: Miguel Cintas Cuesta. Curso: 1º ESO-E. IES Ciudad de Hércules, Chiclana de la Frontera, (Cádiz)

Las aventuras de Tom Sawyer’

Siempre recordaré, cuando era pequeño, los primeros capítulos del libro de Tom Sawyer que mi padre me leía como ritual para ir a dormir. Años después, continué yo solo con su lectura y descubrí que la infancia de Tom Sawyer fue también la infancia de mi padre, plagada de aventuras cotidianas (peleas de piñas, chupar milagrillos hasta que te doliera la barriga, destruir avisperos, construir escondites secretos en el campo, subirte a los árboles para comer frutas…) donde el valor y la amistad estaban por encima de todas las cosas. Y es que la infancia de Tom Sawyer es universal, todo adulto que se sumerge en el libro recupera el niño que algún día fue. Mark Twain también fue niño y a sus 41 años de edad escribió un libro que con el tiempo se convirtió en el emblema de la literatura norteamericana, plagada de referencias autobiográficas, en una sociedad racista y esclavista, pero que en el mundo de los niños pasaba desapercibida. Un libro que revindica la libertad, el juego y las ansias de todo niño de convertir cada día de su vida en una misteriosa aventura de la imaginación.

Tom era un chico huérfano, vivía con su tía Polly, su primo Sid y Jim, (que aunque el libro no lo mencione, era un esclavo “negro” que hacía la mayor parte del trabajo en casa), en un pequeño pueblo a las orillas del río Mississippi, donde vivió infinidad de aventuras e historias, como la búsqueda de un tesoro, irse en barco a una isla, convertirse en pirata, escaparse de casa e irse a dormir al bosque…, junto a su amigo Huckelberry Finn. Huck era un chico, también huérfano, sin techo, que se refugiaba por las calles de Saint Petersburg. Tom iba a la escuela del pueblo, donde conoció a Becky Tatcher, una chica de la que se enamora nada más verla. También, Tom era muy travieso e ingenuo, capaz de chantajear a cualquier persona para escapar de los castigos que su tía Polly le imponía. De vez en cuando se saltaba la escuela y se iba con su amigo Huck, con el que siempre acababa metido en problemas o en peleas.

Sinceramente, siento un poco de envidia por todas estas aventuras que vivía Tom, o mejor, Mark Twain, (ya que el personaje está inspirado en su infancia y en el carácter de dos amigos suyos de la escuela), porque hoy en día el mundo creado por las nuevas tecnologías es cada vez más deshumanizado y menos creativo. Todo lo mueve el dinero. Cada vez hay más guerras, atentados y problemas a nivel político. Twain luchó por los derechos humanos, defendió la igualdad social y fue uno de los máximos opositores de la guerra y la esclavitud. Hoy se preguntaría si de verdad vivimos en una democracia, por eso recomiendo, tanto a jóvenes como a adultos, que lean este libro, porque son aventuras que nosotros nunca podremos vivir o volver a vivir. La vida es corta, aunque no lo parezca, y por ello debemos aprovechar el tiempo al máximo, salir con los amigos, ir a la playa, dibujar, crear cosas nuevas, cantar, escuchar música… Y lo digo yo, que tengo 12 años. La vida, un fenómeno misterioso del planeta Tierra, que solo puede entenderse en su contexto cósmico. Casualmente, Twain vino al mundo con el cometa Halley y se fue con él, el 21 de abril de 1910. Meses antes de su muerte el escritor habría declarado.” “Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos deben partir’. ¡Ah! Lo espero con impaciencia”.

– Autor: Jaime José Ruiz Lara. Curso: 1º ESO-C. IES Moraima, Loja (Granada)

‘Diario de Greg 1. ¿Qué tal?’

– A mis 9 años, tras observar que mis compañeros disfrutaban los Diarios de Greg, me hice contigo, pero nunca recordé que no te fuiste del todo del baúl de mis recuerdos y ahora que te he encontrado, te concedo el privilegio de hacerme tantas preguntas como quieras.

-¡Hola, Jaime! ¿Cómo te hiciste conmigo?

-Bien, un amigo mío me dijo que tomase prestado el suyo y me lo recomendó, así que le estoy muy agradecido. Pero al navegar por las curvas de tus páginas, comprendí que necesitaba obtener un ejemplar. Entonces les pedí a mis padres ese regalo y tú pasaste de aquella oscura librería a estar en mis brazos.

-Tienes razón, recuerdo tus ojos color miel anhelando leerme y observarme como si no hubiese un mañana. ¿Y qué sentiste al leer mis palabras?

-Ay, ahora siento nostalgia al recordarlo: esos rótulos de los días, las líneas “donde escribía Greg”, esos dibujos de los niños pequeños… Me sentí identificado con esa imaginación y creatividad, como la de mi infancia.

-¡Qué recuerdos! En cuanto al argumento, ¿Qué podrías decirme?

-Esas situaciones en las que se mete Greg, su familia, su amigo Rowley o el instituto con sus exámenes y tareas me trajeron a la mente muchas risas y momentos felices. Bueno, ahora sí que sé por qué has vuelto a estar en el primer plano de mi memoria, ¿Quieres que siga?

-¡Sí, sí, sí por favor, yo era el que te dejaba con la  intriga, no tú!

-Vale, pues resulta que ahora que he comenzado mis estudios en el IES Moraima, este extraño cambio del colegio al instituto me recuerda a Greg. Esa especie de metamorfosis, beneficiosa y perjudicial, en la que dejamos ese comportamiento infantil junto con despedidas de amigos de toda la vida para ampliar nuestros conocimientos y madurar para el día de mañana. El libro transmite que el instituto no es sinónimo de aburrimiento; se pueden llegar a vivir “aventuras” alocadas y en algunos casos adoptar comportamientos como hacer bromas, escribir un periódico chistoso, una Navidad con regalos que no deseas o una función de teatro con un papel inútil y, en el fondo, todavía tenemos a ese niño activo en nuestro interior. Ese “pringao” total ocupa todavía las mentes de algunos de mis amigos.

-¿Has oído hablar de mis hermanos pequeños:  La Ley de Rodrick, ¡Esto es el colmo!, Días de perros, etc.

-Claro que sí, tu padre, o sea, Jeff Kinney con estas obras que se consumen más rápido de lo que necesitaríamos para disfrutar, consigue impulsarnos a seguir leyendo y a contagiar ese afán por la lectura y a no olvidar que los libros son compatibles con las tecnologías del siglo XXI.

-¿Podrías contar unas anécdotas para el púbico y para Greg Heffley, por favor?

-Claro… Recuerdo que uno de los días más felices de mi vida fue cuando, creyendo que lo había leído ya todo, encontré en mis manos el Diario de Greg 7. ¡Era un regalo de mis padres! Además, quiero agradecerte que cuando en mi colegio trabajamos con él, conseguí obtener buena calificación gracias a ti… Bueno, hasta aquí la entrevista, ¿Satisfecho? Me voy con mis amigos.

-¡No! Quédate conmigo, al menos unos minutos.

-Era broma… Venga. vamos a recordar a ese “pringao” entre tus palabras:

“SEPTIEMBRE, martes: En primer lugar, quiero dejar una cosa bien clara…”

– Autora: Carmen Beltrán Gómez. Curso: 1ºESO-B. IES Catedrático Pulido, Bonares (Huelva)

El viejo y el mar

Este libro se desarrolla en un pequeño pueblo costero de pescadores de La Habana (Cuba), su protagonista es Santiago, aunque todo el mundo lo llama El viejo. Santiago es un pescador de avanzada edad, delgado con muchas arrugas, sobre todo en las manos debido al manejo de las cuerdas en la pesca. Todo en él es viejo excepto los ojos, que son azules y alegres. Salía a pescar hasta hace poco con Manolín, un joven que le había estado ayudando, pero sus padres le enviaron salir de pesca en otro barco porque él llevaba mucho tiempo sin pescar. Sin embargo, el joven venía a buscarle y a ayudarle cuando podía, le tenía cariño, puesto que, fue Santiago quien lo instruyó en la pesca desde que tenía cinco años. El joven lo acompañó por la mañana muy temprano el día que el viejo decidió salir sólo al mar. Tomaron juntos el café y se despidieron deseándose suerte. No llevaba comida, tan sólo una botella de agua.

El viejo queda sólo en su bote con sus aparejos, anzuelos, en el mar, con sus reflexiones y pensamientos. En un momento dado, se encuentra hablando en voz alta, no sabe cuándo ha empezado a hacerlo, probablemente cuando se separó del chico. Cuando iban juntos sólo hablaban lo preciso. Aunque los demás pensarían que estaba loco, a él no le importa, los demás llevaban sus radios.

Todo toma entonces una dimensión distinta, disfruta de todo lo que ve, los destellos plateados de los bonitos, las aves que le ayudan a decidir dónde hay pescado. Aunque siente aversión por las medusas. Piensa en los buenos tiempos de pesca.

Por fin, un enorme marlín pica el anzuelo no sin antes dar batalla. La lucha con el pez dura tres días, en los que tiene que comer pescado crudo, en los que Santiago recuerda su vida pasada. En su mente resuenan los tiempos en que la suerte estaba de su lado, y era capaz de conseguir una gran pesca. Al tercer día, el pez, ya cansado, comienza a rodear el bote, es grande y se resiste a morir. Santiago, está desgastado, le duelen las manos y tiene que racionar el pescado crudo que tiene para no desfallecer. Utiliza toda la fuerza que le queda para tirar del pez sobre su lado y apuñalarlo con un arpón. Entonces, Santiago atando el pescado a un lado de su bote, emprende el regreso a casa, pensando en el alto precio que el pescado tendría en el mercado, y en la cantidad de gente que podría alimentar. Pero en su regreso aparecen tiburones que poco a poco, van quitando trozos de la preciada carne del pescado y el viejo tiene que construir un arpón atando el cuchillo al extremo de uno de los remos, y los va eliminando. No obstante, sólo quedará del gran pez un esqueleto consistente en su espina dorsal, la cola y la cabeza. Santiago, los maldice por ello, pero está derrotado, agotado, hambriento y herido se dirige a su pequeña cabaña a descansar, mientras carga en sus hombros el pesado mástil de su bote. Al día siguiente, la gente que va por la playa se asombra al ver las espinas del pez, imaginando el tamaño del animal vivo. Cuando lo ve, Manolín, que le ha echado de menos, le dice que irá a pescar con él, a pesar de sus padres.

El final admite varias interpretaciones, pero yo elegiría la opción más optimista. Creo que el viejo se queda dormido, y aunque cansado está satisfecho de su hazaña. Sueña con leones marinos porque está feliz.

Empezamos a leer este libro a finales del verano pasado, a ratos, en familia y en voz alta por empeño de mi madre de aficionarnos a la lectura, y al principio creí que iba a aburrirme, pero me fui enganchando y empatizando con el viejo, comprendiéndolo y como Manolín, también le he cogido cariño. Llevo dos años saliendo a pescar en un fueraborda con motor que mi padre deja, en verano, en el puerto de Mazagón. Vamos los tres, mi padre, mi hermano y yo, lanzamos las cañas y a veces paramos el barco y nos tiramos al agua. Adoro esos momentos. No puedo explicar por qué se siente tan bien cuando uno pesca, cuando el pez pica el anzuelo y tiras de él hasta que lo ves. Se siente alegría cuando pescas, pero, incluso cuando no pescas, llega uno del mar contento. Mi hermano y mi padre sienten lo mismo. Por eso sé que el viejo duerme feliz.

Ha conseguido su sueño y a pesar de la lucha, lo ha disfrutado. Además de eso, y a pesar de los años que tiene este relato, destacaría esto último la lucha del viejo por conseguir al fin su sueño. Creo que sigue dándonos a los jóvenes de hoy día una lección a imitar.

– Autora: Sofía Martínez Mata. Curso: 1º ESO-A. IES Las Fuentezuelas, Jaén

‘La Máquina del Tiempo’

Hace aproximadamente un año me hacía muchas preguntas sobre cómo será nuestro planeta en el año 802.701. Recuerdo que un día corrí a mi cuarto con la comida en la boca para terminar de leer La Máquina del Tiempo de Herbert George Wells ¿Se podrá construir una máquina para viajar a través del tiempo?, ¿por qué en ese año habrá varias razas humanas muy diferentes?, ¿estarán las ciudades en ruinas? No encontré todas las respuestas pero el autor me atrapó en ese lugar y en ese tiempo, parecía muy real.

No tiene lógica que en el futuro existan los humanos Morlocks, fuertes y astutos, que viven bajo tierra y con un aspecto terrorífico. Tampoco me puedo imaginar que pueda existir la raza humana Eloi, inocente y poco inteligente, que vive con miedo en la superficie y que es el alimento de la otra especie humana. ¡Qué horror! Aunque esta historia es fantástica, me entristece pensar que el ser humano evolucione hacia esas dos formas tan diferentes.

El Viajero a través del Tiempo salva a Weena, una muchacha de la raza Eloi, cuando se estaba ahogando y se hacen amigos. Fueron atacados por los Morlocks y ella desapareció. Después el viajero fue capturado. ¡Qué intriga! Consiguió escapar de esos monstruos y huir en su máquina. Bueno, como yo también estaba atrapada, huimos los dos, avanzamos millones de años y vimos seres monstruosos parecidos a cangrejos y grandes tinieblas. Horrorizados, nos metimos en la máquina y regresamos.

El viajero contó a sus amigos las aventuras que había vivido. Nadie le creía. Intentó demostrar que su experiencia había sido real enseñándoles unas flores que le había metido Weena en el bolsillo y la hierba que estaba pegada en la máquina. Al final cogió una cámara fotográfica y desapareció de nuevo con su máquina. ¿Estará ayudando a cambiar el destino de los humanos?

Este libro es entretenido porque cuenta las aventuras de un científico que viaja a través del tiempo, es emocionante porque describe cómo será la vida de los humanos en el futuro, es interesante porque un inventor construye una ingeniosa máquina que le permite viajar en el tiempo, es crítico porque muestra cómo unas personas dominan a otras, es educativo porque enseña que el ser humano tiene que ser justo y ayudar a los demás, y es magnífico porque he disfrutado mucho.

El autor del libro me ha trasladado su inquietud porque me gustaría ver los cambios que se van a producir en las personas y en mi ciudad dentro de miles de años. Si algún día viajara a través del tiempo, me gustaría encontrar personas respetuosas, educadas e inteligentes. También espero que no haya enfermedades incurables, guerras ni injusticias y que siga habiendo mucha agua y vegetación.

El autor se imagina un destino pésimo para el ser humano. Tenemos que aprender y hacer bien las cosas para que la historia que nos cuenta el autor siga siendo ciencia ficción. Yo intentaré poner mi granito de arena para construir un mundo mejor. Aconsejo a todos los jóvenes la lectura de este libro.

– Autora: Raquel Merino Galiano. Curso: 2º ESO-B. IES Ciudad de Coín, Coín (Málaga)

‘Madame Butterfly’

Mi relato trata sobre uno de los libros que más me han llegado al alma, cada vez que lo leo mi corazón se siente hundido en la más de las profundas tristezas.

Madame Butterfly es una obra teatral de Giacomo Puccini que ha sido adaptada a libro. La primera pregunta será cómo conseguiste tan maravilloso libro y la respuesta no es muy compleja. Una tarde tranquila de primavera, rebuscando entre los cientos de libros con miles de historias increíbles encontré el tesoro que llevaba tanto tiempo anhelando. Lo primero que me llamó la atención fue su cubierta de tela ilustrada con un maravilloso dibujo que, en ese tiempo, aún con mi poca experiencia sobre el mundo asiático pude distinguir como una geisha. Se abría al desatar un delicado lazo y dentro había una de las mejores ilustraciones que jamás he podido admirar. Cada página que pasaba, cada página que me sorprendía y aumentaba el deseo de poder atesorar dicho libro. Una de mis mejores compras sin duda.

En cuanto llegué a mi hogar, rápidamente subí a mi cuarto a maravillarme y a descubrir y admirar cada palabra, cada ilustración, cada repliegue de las delicadas hojas. Grande fue mi sorpresa al descubrir un amplio biombo que recubría la parte posterior de las hojas en que se veía la evolución de la elegante mariposa de que trata dicho relato.

En cuanto empecé a leer libro vi la frase: ¿No dicen que, si tocamos las alas de una mariposa, ya no podrá volar? y creo que es la frase que mejor resume esta historia y ya veréis por qué. Uno de los protagonistas, el lugarteniente Pinkerton, se enamora o, mejor dicho, se encapricha de una mujer denominada Madame Butterfly, una preciosa geisha, tan delgada y delicada como un hilo de seda… Vive meses con él, ordenando, manteniendo perfecta la casa y manteniéndose a ella misma, con sus complicados peinados y recatados maquillajes deseada e irreal, como una pequeña muñeca de porcelana. Pero esa tranquilidad duró poco ya que Pinkerton volvía a Boston. Ella cayó en una gran depresión y su vientre creció con el paso de los meses: un gran niño nació de esa vacía relación. Llegó una carta que le comunicaba que él la dejaba. Ella expresó que eso era imposible hasta que él llegó. Madame Butterfly valiente y segura entró en la habitación y detrás de un biombo se apuñaló. La delicada y bella mariposa se había desvanecido como un soplo de viento y yacía en el frío suelo después de una vida llena de sufrimiento y dolor. Murió de pena, aguantó la fe hasta que no pudo tener las suficientes fuerzas para seguir volando y decidió solo desaparecer como si de polvo se tratara.

Cuando terminé el libro mi corazón se sentía roto y cada vez que lo leo siento una inmensa pena que llega a mi alma. Es el libro que me transmite sensaciones que, aunque no sean de felicidad, el solo pensamiento de que unas simples palabras te hagan sentir tanto y te hagan ponerte en la situación me parece sencillamente increíble y maravilloso.

– Autora: Alma Aragón Ponce Curso: 2ºESO-B IES Al Iscar Villanueva del Ariscal, (Sevilla)

‘Diario de Nikki 9’

En este libro, la escritora Rachel Renée Russell, representa por medio de palabras y sentimientos la vida de una chica llamada Nikki. Este es uno de mis favoritos, porque en él, Mackenzie, su enemiga, le roba su diario y se mete en su vida privada.

Lo que más me gusta son esas ocasiones en las que no puedes dejar de leer, esas veces en las que te enganchas tanto que no puedes soltarlo ni un segundo, esas veces en las que lees tan rápido para saber qué pasará en la siguiente carilla. Es tan apasionante… ¿Por qué todo tiene que tener un fin? Cuando se van acercando las últimas hojas me da mucha pena. Veo que esta historia se acabará y puede que empiece otra nueva, pero yo no quiero eso. Lo que yo quiero es que ningún libro tenga fin y que ninguna historia sea marcada por un punto final.

Para mí, leer no es simplemente ver e ir diciendo lo que hay escrito en un libro, es también sentir lo que te trasmiten estas palabras escritas en él. Para mí, un libro es más que unas hojas unidas, donde hay palabras escritas. Para mí, un libro es un gran compañero que me hace recordar momentos que han pasado en mi vida, ya sean tristes o alegres, que me hace compañía cuando estoy aburrida o desanimada y que hace que mis sentimientos fluyan, cuando no hay otro ser humano que aún lo haya logrado conmigo. Empecé sobre los diez años. Esa sensación que te transmite un primer libro, uno nuevo, esa suavidad de las hojas al pasarlas, ese frescor al abrirlo y esa intriga que te hace tener el corazón encogido cuando va a ocurrir algo sorprendente. Con cada página que leía, más interesante se me hacía el libro y menos probabilidad había de que dejase de leer.

Para mí, leer es una de las experiencias más bonitas que puedes tener, y  yo he tenido la suerte de poder realizarla. Es una oportunidad que llega a ti, y que cuando la aprovechas y empiezas a desarrollarla, te enganchas y no hay quien te convenza para dejar de hacerla. Hay muchas noches, en las que al leer, de lo intrigante que era el libro, no podía soltarlo. Aunque mis ojos caían del cansancio, mi corazón pedía a gritos seguir leyendo y no parar de leer. Cada libro abierto es una nueva puerta para entrar a un nuevo mundo, y cada libro leído, un mundo que se cierra para abrir otro mucho mejor.

Os animo a todos a que leáis libros, ya sean de miedo, misterio, aventuras, fantasía…

Es una experiencia que de verdad merece la pena, que nunca se olvida pase lo que pase, y si todavía no os ha enganchado ningún libro, seguid buscando, porque toda puerta tiene una llave, toda sonrisa un porqué, y todo libro alguien que lo lee.