Teresa Gómez publica en Vandalia ‘La espalda de la violinista’, el primer poemario completo de esta autora que llega a las librerías

Teresa Gómez publica en Vandalia ‘La espalda de la violinista’,  el primer poemario completo de esta autora que llega a las librerías

Considerada una poeta casi de trayectoria secreta, es una de las voces más destacadas de ‘La otra sentimentalidad’

Poeta de trayectoria casi secreta, Teresa Gómez perteneció al grupo granadino de ‘La otra sentimentalidad’ y desde entonces ha dado a conocer sus poemas en entregas esporádicas. ‘La espalda de la violinista’ es su primer libro propiamente dicho, un poemario que nació de la contemplación de la intérprete de un concierto de violín, cuando la danza de pequeños músculos de su espalda sugirió a la autora el contraste entre el silencioso trabajo de sus brazos y la fluidez del sonido resultante, que aparentaba brotar sin esfuerzo alguno.

Un prólogo de Ángeles Mora, Premio Nacional de Poesía, destaca la originalidad de sus metáforas e imágenes, así como la intensidad y la fuerza de su escritura lírica. Ahora gracias a la colección Vandalia tenemos la oportunidad de conocerla mejor. En la presentación antes los medios de comunicación,  Gómez recordó que su libro surge de la inspiración, que no es otra cosa que la mirada. “Es mirar a tu alrededor y  que lo que veas se convierta en material poético”, indicó.

-¿Qué ha pasado esta vez para que veamos por primera vez un poemario completo, un libro publicado de Teresa Gómez?

Pues no crea, estoy preocupada porque esto supone la destrucción de un misterio. Una amiga me decía que estaba segura de que yo no publicaba para mantener ese enigma de un libro “fantasma” del que algunos hablan pero nadie puede hojear. No, en serio, creo que ha llegado el momento adecuado en la editorial adecuada. Es verdad que no he dedicado tiempo a hacer esas gestiones que hay que hacer para publicar, no basta con escribir. En ese sentido siempre he sido vaga y con poca resistencia a la frustración, no tengo habilidades ni vocación para desenvolverme en todo ese territorio de ingeniería editorial o, como lo llama Manuel Rico, aparato literario. Me presenté a un premio, no me lo dieron y nunca más lo volví a intentar. Sin embargo, ahora estoy realmente muy contenta de que ‘La espalda de la violinista ‘se publique en Vandalia.

-¿Qué lugar ha ocupado la poesía en su vida? Desde el punto de vista profesional y personal

No recuerdo mi vida sin poesía. Cuando era pequeña, en mi casa no había libros, pero me recuerdo esperando el día en que venía un quinquillero por las casas del campo, donde yo vivía, porque traía hojas sueltas con “romances” que yo leía una y otra vez hasta la siguiente visita. Sin embargo, y dado que mi desarrollo profesional ha discurrido al margen de la poesía (maestra y psicopedagoga especialista en necesidades educativas específicas), y que me ha requerido mucho tiempo y dedicación, me he desenvuelto siempre en una especie de esquizofrenia que me ha llevado de la literatura a la educación y viceversa, sintiendo siempre que el tiempo que le   dedicaba a un ámbito se lo estaba robando al otro. Tengo la sensación permanente de que necesito más tiempo. En todo caso, soy una escritora muy lenta y trabajo mucho mis textos, disfruto haciéndolo.

-¿Qué le sugiere oír hablar de ‘La otra sentimentalidad’?

Gratitud y ternura. Para mí ‘La otra sentimentalidad’ fue un espacio físico, emocional e intelectual. Físico, porque habitaba territorios de aprendizaje que abarcaban desde la Facultad de Filosofía y Letras de Granada hasta ‘La tertulia’, sin que pudiera concretar hoy día dónde aprendí más. Emocional, porque eran mis amigos y amigas. E intelectual porque hice mía la apuesta que rechazaba la estética reaccionaria de los elegidos y el pesado canon de la uniformización, y asumí con enorme entusiasmo la propuesta de una mirada,  ‘otra’, que cuestionaba nuestra propia historia, la pequeña, la individual. Y desde esa nueva dimensión me propuse  volver a mirar a mi alrededor, volver a leer a los míos y recuestionar mi pretendida condición de poeta, y es más, de mujer poeta. En definitiva, ‘La otra sentimentalidad’ despertó en mí la conciencia de reconstrucción y la necesidad de asumir el compromiso que creo que podría decirse que aún hoy me define.

-¿Se considera parte de ese grupo? ¿Cómo fue y es su relación con los demás compañeros de ‘generación’?

‘La otra sentimentalidad’ está en la génesis de mi identidad poética. Por una parte, mi forma radicalmente histórica de mirar, mi convicción de que la dicotomía pensar/sentir no es más que un constructo ficticio, de que los sentimientos también son históricos y se pueden cambiar, de que el lenguaje no es inocente sino que está marcado por el poder… Mis poemas no habrían sido posibles, o habrían carecido del armazón argumental, sin el foco esclarecedor que representaron las enseñanzas a través de sus clases y de sus obras de Juan Carlos Rodríguez. Por otra, poetas como Javier Egea, Luis García Montero o Álvaro Salvador, que ponían en verso estas ideas, estaban publicando libros estremecedores que ubicaron las balizas para un cambio de rumbo seguro en mi trayectoria poética.

Y finalmente, la llegada de Ángeles Mora a este escenario, cuando nos incorporamos en los años ochenta a la Universidad de Granada. Ella y yo pasábamos horas estudiando a Juan Carlos Rodríguez y discutiendo la manera de llevar sus ideas a nuestros versos. Leyendo y releyendo a los clásicos con las claves que él nos había desvelado. Aún hoy día lo hacemos. Más tarde llegó también Inmaculada Mengíbar y creo que las tres aportamos nuestra voz y nuestra mirada de mujer en aquel espacio poético.

Todos ellos fueron acontecimientos que me  permitieron afrontar no solo la dicotomía entre pensar y sentir de la que ya he hablado, sino también entre maestros imprescindibles y amigos entrañables. Sin embargo, y a pesar de la importancia de este encuentro decisivo, en realidad visto en perspectiva temporal, no fue mucho más que un breve instante de camaradería poética que dejó en mis versos,  como creo que en los de todos, una señal inequívoca; pero enseguida cada uno de nosotros siguió su camino.

-¿Qué papel juega la música en este libro? ¿Y en su vida en general

La música es una de mis grandes pasiones. Me hubiera encantado ser música, violinista, violonchelista… creo que no hay lenguaje más universal. Es la poesía en su esencia, privada de todo lo superfluo. Cuando decía que trabajo mucho mis textos, era en este sentido, quiero pulirlos hasta quedarme solo con lo imprescindible y siempre he pensado que si consiguiera llegar al final de este camino, quedaría la música y el silencio. Aunque también he escuchado a músicos decir que la poesía llega allí donde el sonido solo no puede llegar.

-¿Cómo definiría su poesía en general? Temas con los que habitualmente trabaja…

En gran medida es un ejercicio de reflexión con la finalidad de poner un poco de orden en mi propio mundo, de buscar respuestas, de explorar la realidad a través de las emociones: el amor, la distancia, el desamor, la angustia, las miserias, el desencanto, la esperanza…. Pero ¡sería tan hermoso que alguno de mis intentos coincidiese con las respuestas que estaba buscando otra persona y acabaran siéndoles útiles! O mejor aún, que alguien pueda sentir un día que he puesto palabras a su dolor o a su esperanza.

Pertenezco a una generación de poetas que creció con la esperanza de que nuestros versos iban a contribuir a la construcción de un mundo mejor y sin embargo, ha presenciado con asombro y angustia cómo se desvanecían las esperanzas renacidas en la Transición. Y aunque ahora ya sabemos que la literatura no va a cambiar el mundo, aún queremos seguir creyendo que nos ayuda a situarnos en él, a entendernos con él, a descubrirlo y en cierto modo a construirlo. Y en este sentido, trato de encontrar el espacio necesario para mirar con distancia y convertir en material poético todo aquello que me angustia, me emociona, me asusta… La poesía me ofrece las claves para ahondar en lo humano, y así cada uno de mis versos pretende ser por una parte el instrumento de construcción de una identidad propia y por otra, el instrumento de réplica frente a una identidad impuesta y no aceptada.

-¿Se siente cómoda en Granada, escribiendo poesía, como autora andaluza, o podría estar haciendo lo mismo en otra ciudad española?

Bueno, Granada tiene una tradición poética espectacular. De hecho, para entender la importancia de la poesía en nuestra historia, basta con mirar los nombres de las calles de esta ciudad o la actividad cultural que se desarrolla en torno a la poesía y la literatura. Pero, junto a la grandeza de su historia y su tradición, junto a los maestros que han marcado generaciones y la complicidad entre poetas jóvenes y veteranos que genera colaboración y enriquecimiento intelectual y emocional, hay también, sin duda, ciertas miserias y peligrosos juegos de alianzas y enemistades que a menudo aparecen ligadas al mundillo poético, al margen de las cuales siempre me esfuerzo por permanecer.

Quizá en otra ciudad también estaría escribiendo poesía, pero sin duda, mi historia sería otra, mi formación y mis influencias, otras. No sé si sería mejor o peor poeta. Pero puedo decir que me gusta haberme formado en Granada.

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