Fiel a su manera, el poeta alterna el fondo reflexivo, la intención moral, la familiaridad con la tradición y su proyección en el presente.
El amor, la naturaleza representada por los paisajes del nativo sur, la pintura y la música son algunos de los temas presentes en el poemario.
Entre las composiciones más extensas, destaca el poema “El último bodegón”, que evoca una obra de tema arqueológico pintada por su padre.

‘De un adiós permanente’
Jacobo Cortines
Colección Vandalia
Sexta entrega de la obra poética de Jacobo Cortines, De un adiós permanente (2021-2026) enlaza con la anterior, Días y trabajos (2014-2021), en cuanto que tras el Pórtico, representado por el poema “Eco”, que marca el tono general del libro, este se inicia con la sección “Ofrenda” como culminación de los poemas in morte dedicados a la amada fallecida. En la siguiente, “Presencias”, el amor se renueva como la luz que rige el universo. La manifestación de la Naturaleza, una de las constantes en la obra de Cortines, tiene su espacio en la tercera sección, “Canciones de la tierra”, que introduce variaciones sobre los paisajes y jardines de su nativo sur. Frente a ella, con su culturalismo de tono íntimo, “Colores y notas” reúne vivencias nacidas de las artes plásticas: arquitectura, escultura y pintura, entre las que figuran el poema “El último bodegón”, que evoca una obra de tema arqueológico pintada por su padre, y una delicada serie de paráfrasis de obras musicales como la Pasión según San Mateo de Bach, La Traviata o La carrera de un libertino, la ópera de Stravinsky-Auden y Chester Kalman. El libro se cierra con un Epílogo en el que destaca una profunda y emotiva meditación existencial, “Los adioses”, acompañada de poemas breves que le sirven de contexto. Fiel a su manera, el poeta alterna el fondo reflexivo, la intención moral, la familiaridad con la tradición y su proyección en el presente.
Entrevista con el autor
—¿Por qué ha elegido ese título, De un adiós permanente? ¿Tiene relación con el poema del Epílogo, “Los adioses”?
—Sí, ese poema que cierra el libro es una despedida, una serie de adioses a los seres queridos que dejaron esta orilla del mundo: padres, hermana, esposa y hermano. Es un recorrido por mi vida y una evocación y supuesto diálogo con ellos hasta llegar a esta otra frontera que he de cruzar y cuya orilla, esa de la muerte donde están ellos, desconozco por completo. No son adioses fugaces, sino adioses que pretenden ser “un adiós permanente”, como deseando que ese adiós no acabe nunca, que esté por encima del tiempo, aunque todo esto no sea más que un deseo, un imposible que se escapa a las limitaciones de la mente.
—¿En qué sentido marca el poema “Eco”, que figura como pórtico, el tono general del libro?
—El poema es un “eco” de uno del libro inmediatamente anterior, Días y trabajos: el titulado “Como una melodía negra y cristalina”, donde se hace un ejercicio de introspección ante la llamada de una “música extraña, dulce hiriente, irresistible”, que no es más que una metáfora para encontrarse a sí mismo, ante lo cual es necesario, como se dice en el texto evangélico, despojarse de todo lo vivido para ir al regreso; porque ir es volver; y volver, empezar; es desasirse del tiempo para convertirlo en eternidad misma. En el nuevo libro esa idea sigue estando muy presente desde el oxímoron del propio título: “adiós” (separación, cambio) y “permanente”(fijo, inmutable)
—El amor sigue siendo uno de los temas fundamentales de su poesía, distribuido en las dos primeras secciones del libro.
—Sin duda el amor ha sido un tema fundamental en mi poesía, y espero que siga siéndolo en el futuro que me quede. En la primera sección, los siete poemas in morte de “Ofrenda” enlazan con los “Pasos de amor” del libro anterior, escritos a raíz de la enfermedad y muerte de la amada, la inolvidable “Cecilia de celestes ojos”. En la segunda hay una petición del amor como presencia, y así lo anuncia la cita de San Juan de la Cruz: “mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura”. Y tras un angustioso llamamiento, en el poema “Auxilio”, a las criaturas del cielo y de la tierra, el amor aparece en “Paréntesis”, y luego esa presencia se hace mayor hasta crear en los poemas restantes una atmósfera gozosa, llena de serenidad y esperanzas.
—También reencontramos la otra parte de la acuñación que da título a su poesía reunida, Pasión y paisaje, en la sección “Canciones de la tierra”.
—El paisaje es parte consustancial de mi vida y no puedo renunciar a él. Desde niño he vivido en el paisaje, en mi tierra nativa, la campiña lebrijana, y así lo he reflejado en Este sol de la infancia, primera parte de la tetralogía La edad ligera, y en los títulos posteriores; pero antes de aparecer en las memorias, el paisaje, depurado en su esencia, fue una parte de la primera edición de Pasión y paisaje de 1984; después ese paisaje, tan leopardiano y gozoso, desapareció por circunstancias de la vida y se convirtió en lamento y nostalgia. Fue sustituido por otros, hasta la recuperación definitiva del paisaje natal tras muchos años, como recoge con entusiasmo el poema “Nombre entre nombres”, de cientos de versos, en 2014. Desde entonces ese paisaje es inseparable y es el escenario de estas “Canciones de la tierra”; la única nota melancólica de la sección es el poema dedicado a “El jilguerillo”, ahogado en las rugosas aguas del estanque, como símbolo de una irreparable pérdida del canto de la naturaleza.
—El libro contiene poemas de fondo culturalista que remiten a los intereses (el arte, la música) que se reflejan también en su obra ensayística.
—No son poemas de exhibición culturalista, sino expresiones de vivencias muy íntimas provocadas por mi amor a la música, a la pintura y a la cultura en general, a la que he dedicado buena parte de mi vida y de la que me he nutrido para mi obra tanto en verso como en prosa. Aquí dedico un poema, “Meditación”, a la Pasión según San Mateo de Bach, una pieza que escucho junto con otras todas las Semanas Santas. Mi texto, aparte de la impresión musical, se basa en los comentarios del escritorPicander y en corales luteranos relacionados con la Pasión. También me he servido al final de Las siete palabras de Cristo en la Cruz de Haydn. Otro poema de tema musical, “Cruz y delicia”, es un monólogo de Violetta Valery, la protagonista de La Traviata de Verdi, pero añadiéndoles ciertos matices, como las gotas de sangre en el pañuelo de Violetta, y otros, que no aparecen en el libreto de Piave, pero sí en el texto de Dumas hijo. Y el último de estos textos musicales, “Despertar”, es el lamento de Tom Rakewel, el protagonista de la Carrera de un libertino, la ópera de Stravinsky-Auden y Chester Kalman. El personaje me interesó porque era un claro ejemplo de aquel que, por razones obvias, no había leído el tratado de Petrarca Contra la adversa y próspera fortuna, de cuyo texto me había ocupado en un breve ensayo anterior. Otros de los poemas de esta sección de “Colores y notas” están dedicados a exposiciones, cuadros individuales, visitas a monumentos. O a alguna ciudad en particular, como “Ronda” en el recuerdo.
—En “El último bodegón” retoma la figura de su padre, que ya evocó en “Carta de junio” y al que ha dedicado hace poco un libro de homenaje.
—Sí, la figura del padre la he tratado en diversas ocasiones. La primera fue en “Carta de junio” (1994), una epístola consolatoria de 100 tercetos. Después su figura es relevante en Este sol de la infancia. Allí aparece su faceta artística, relegada por sus circunstancias personales. Cuando, para conmemorar el centenario de su nacimiento, reuní materiales de su archivo para el libro de homenaje: fotos, dibujos, cuadros, fichas arqueológicas, etc., me fijé en especial en el último bodegón que pintó en 1959, cuando tenía 43 años; se lo enseñé a mi amigo el pintor Juan Suárez, autor de algunas cubiertas de mis libros, le gustó mucho el bodegón y escribió unos interesantes comentarios que fueron el punto de partida para la elaboración del poema.
—Del mismo modo que en sus memorias, las pérdidas de seres queridos tienen un peso importante, visible en el Epílogo citado.
—La última parte de mis memorias se titula Del tiempo airado. Allí se menciona la ausencia de muchos seres queridos, pero no sólo familiares, sino también amistades muy íntimas, como Alberto Zedda, Carmen Laffón, Gerardo Delgado, a los que tanto debo. Y ha habido muchos otros, aunque no los mencione. Pero entre tanta tiniebla también se ha producido por fortuna un Rompimiento de Gloria.
—Los críticos suelen resaltar el fondo moral y meditativo de su poesía, ¿se inspira de alguna forma en los modelos de la tradición?
—Para mí la Tradición, con mayúscula, ha sido mi maestra en la escritura. No hubiera sido capaz de escribir nada digno sin su ejemplo. No olvidaré nunca el último curso de bachillerato traduciendo a Homero y a Virgilio sin diccionario cuando apenas había cumplido 15 años. Luego vino la formación universitaria de Filosofía y Letras. Los clásicos siempre: griegos y latinos, europeos; Petrarca, al que tantos años dediqué; Cervantes, Shakespeare… La lista sería interminable. Añadamos también a mis íntimos amigos poetas, de los que tanto aprendo.
el autor
Jacobo Cortines (Lebrija, 1946) reunió su obra poética en Pasión y paisaje (1974-2016), formada por Primera entrega (1978), Pasión y paisaje (1983), Carta de junio y otros poemas (1994), Consolaciones (2004) y Nombre entre nombres (2014), a la que se han sumado Días y trabajos (2021) y ahora De un adiós permanente (2026). Ha publicado la antología En el mejor silencio. Poemas amorosos (1994-2020). Entre sus trabajos como traductor destacan los Triunfos (1983) y el Cancionero (1989) de Petrarca, así como el libreto de El barbero de Sevilla (1997) de Sterbini. Como memorialista es autor de Este sol de la infancia (2002), En la puerta del cielo (2022), Filosofía y Letras (2025) y Del tiempo airado (2025), reunidos bajo el título general de La edad ligera, I y II (2022 y 2025). Entre sus publicaciones figuran la recopilación de Escritos sobre Fernando Villalón (1982), el estudio y selección de Poemas escogidos (1908-1961) de Felipe Cortines Murube (1983), la antología Itálica famosa (1995), las coediciones de Manuel Halcón en su centenario (1900-2000) (2002) y de la Obra selecta de Joaquín Romero Murube (2004) o el ensayo Burlas y veras de Don Juan (2007). Ha recopilado sus artículos con el título de Separatas de Literatura, Arte y Música (2002), Nuevas Separatas (2012) y Los acordes de Orfeo (2024). Ha recibido el Premio de la Crítica (2005) por Consolaciones y el Premio Internaziole di Poesia de la Fundación Roma (2015) por el conjunto de su obra poética. Es miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

VANDALIA
De un adiós permanente
Jacobo Cortines
Distribución: 18/03/2026
EAN: 9788419132802
Código: 0010394654
13 x 21,5 cm / 112 pp
PVP: 11,44 / 11,90 euros
Rústica con solapas