Los datos de la prueba internacional sitúan a España en su mínimo histórico en Lectura (451 puntos), posicionándose por debajo del promedio de la OCDE (461) y de la Unión Europea (459)
Andalucía se sitúa en los niveles inferiores de la clasificación nacional, con un rendimiento de 441 puntos, 23 menos que en el informe de 2022
La entidad desarrolla diversos proyectos de lectura como herramientas claves para combatir la sobreexposición a pantallas, el déficit de atención y el sesgo de desinformación en la juventud
El duro retroceso en las competencias lectoras evidenciado por el Informe PISA supone un serio aviso sobre el futuro y la igualdad de oportunidades de nuestro alumnado. A la luz de los datos presentados por la OCDE, la Fundación José Manuel Lara pone de relieve la importancia del fomento de la comprensión de la como herramienta indispensable para mejorar la capacidad de atención, el rendimiento académico general y la equidad social.
Diagnóstico PISA: declive histórico en lectura
Los resultados del informe PISA revelan que las calificaciones del alumnado español de 15 y 16 años se han hundido hasta su nivel más bajo desde que existen registros. En comprensión lectora, España ha sufrido una severa caída de 23 puntos respecto al ciclo de 2022 para situarse en 451 puntos, una cifra que en Andalucía cae hasta los 441 puntos (20 menos que en la edición anterior) y queda por debajo de las medias de la OCDE (461) y la UE (459). De acuerdo con las estimaciones de la OCDE, una variación de 20 puntos equivale aproximadamente a un año completo de escolarización. Si se analiza la tendencia decenal (2015-2025), España acumula una pérdida estimada de 42 puntos, evidenciando un problema estructural y constante en el desarrollo de la competencia lectora.
Ante esta vulnerabilidad cognitiva, el director general de la Fundación José Manuel Lara, Pablo Morillo Pérez, alerta de la importancia de “mejorar la competencia lectora porque significa abrir puertas al éxito escolar, romper la brecha social y ofrecer un futuro con más posibilidades a la juventud. Los datos de PISA nos demuestran que no podemos dar ningún paso atrás y que debemos intensificar la labor en las aulas y con las familias. La lectura no es un mero pasatiempo ni un contenido académico más: es la herramienta transversal sobre la que se construye toda la capacidad de aprendizaje”.
La OCDE vincula el deterioro global con un retroceso en las destrezas más complejas y necesarias para la era de la inteligencia artificial, tales como evaluar la credibilidad de la información, realizar conexiones críticas entre múltiples fuentes y mantener la atención sostenida en textos largos. En este contexto, se ha incrementado significativamente el porcentaje de “respuestas apresuradas” (hasty responses). En España, el 9,7% de las respuestas en los reactivos de lectura fueron catalogadas bajo este comportamiento (superando la media de la OCDE del 8,9%), lo que sugiere una tendencia del alumnado a responder de manera superficial o precipitada ante la complejidad de las tareas, en lugar de persistir en el análisis de las preguntas.
Peligro ante la desinformación y compromiso en las aulas
Como consecuencia directa de esta baja competencia lectora, el alumnado se enfrenta a un entorno saturado de fuentes poco fiables y complejas de diferenciar de los contenidos fidedignos. Frente a este reto, la OCDE advierte de que no basta con enseñar la verificación de datos de forma abstracta, sino que resulta imprescindible capacitar al alumnado para sopesar la evidencia, cuestionar afirmaciones intuitivas y evaluar la solidez de las fuentes. En los países de la OCDE, menos de la mitad de los estudiantes (46%) declara verificar la credibilidad de las fuentes y confiar más en la evidencia científica que en el sentido común, mientras que un 37 % revisa las fuentes, pero termina guiándose por la intuición.
Sobre la urgencia de dotar a los estudiantes de herramientas críticas frente a la desinformación y el consumo digital acelerado, Pablo Morillo Pérez enfatiza que “no podemos limitarnos a pedir a la juventud que verifiquen contenidos en abstracto si no les hemos enseñado antes a leer en profundidad. En un entorno saturado de estímulos y respuestas apresuradas, trabajar la competencia lectora es la única vía real para enseñar a sopesar evidencias, dudar de la intuición y proteger a la juventud de la desinformación. Enseñar a leer es enseñar a pensar de forma crítica”.
Precisamente para revertir tendencias como la falta de atención sostenida y el pensamiento precipitado, la entidad ratifica su compromiso de intervenir directamente en el ámbito educativo para reducir la brecha lectora. Esta vocación se concreta en programas de alto impacto en los centros escolares —entre los que destacan ‘Mi libro preferido’ o el certamen ‘Enseñamos a leer’, entre otros—, concebidos para entrenar la lectura comprensiva, fortalecer el análisis crítico frente a la sobreinformación y hacer del libro una herramienta efectiva de superación personal e igualdad de oportunidades.