Roser Amills rescata la figura de Ramón Vinyes en una novela que recrea los inicios de García Márquez

Como reconociera el colombiano, la amistad con Vinyes fue la
primera tierra fértil del Macondo de Cien años de soledad.

A ritmo vertiginoso, García Márquez y Vinyes recorren los
escenarios compartidos en sus aventuras, catarsis y revelaciones.

La historia relata dos búsquedas transformadoras, reflexionando con lucidez sobre la creación y la vocación genuina.

‘El librero Macondo’

Roser Amills

XXIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz

Esta novela narra la historia de la relación de dos hombres extraordinarios, el joven Gabriel García Márquez y quien fuera su mentor y amigo Ramon Vinyes i Cluet, exiliado en Colombia tras la guerra civil española y figura de referencia en la formación del escritor y periodista. El destierro, la pobreza, sus incomprendidas obras de teatro y el desprecio de sus coetáneos por ser un catalán pobre, provinciano y homosexual han erosionado la fe de don Ramon. Inseguro y fascinado por su mezcla de rigor, ironía y generosidad, Gabriel se acerca a él en busca de consejo y aliento. El relato de las andanzas del viejo, mientras el muchacho atiende a la revelación que no llega, lo estimula y desafía. Ninguno está seguro de lo que busca, y compartirlo los transforma a ambos. Vinyes, inmortalizado en las páginas de Cien años de soledad como el sabio que había leído todos los libros, ya no cree en el éxito. Ha entendido que el talento sin contexto es apenas una forma entretenida de perderse, pero también que de la derrota puede emerger la utilidad más honda: transmitir lo aprendido mientras se fracasa. Con los dos personajes como motor, Roser Amills indaga qué se puede hacer, mediante la vocación que no se rinde, con los desechos de todo lo que pudo ser y no fue, ya se trate de una patria o una infancia devastadas, los rescoldos del deseo o las esperanzas perdidas. Un sabio catalán olvidado. Un joven caribeño lleno de dudas. Una meditación sobre la creación, las pasiones contradictorias del artista y el punto exacto e ínfimo donde confluyen el anhelo de escribir y la capacidad de hacerlo.

Entrevista con la autora

Llegué a Ramon Vinyes i Cluet por una mezcla de azar, genealogía y curiosidad literaria. Me invitaron a una actividad en la biblioteca de Berga que lleva su nombre, y Berga no era para mí un lugar cualquiera: de allí procede mi familia paterna. Empecé a tirar del hilo y apareció un personaje extraordinario: catalán, dramaturgo, librero, republicano, autoexiliado en Colombia, fundador de un espacio cultural decisivo en Barranquilla, una librería y, además, inmortalizado por García Márquez en los últimos capítulos de Cien años de soledad como “el sabio que había leído todos los libros”.

Me interesó enseguida porque es una historia poco conocida, la de Vinyes, y porque no era un secundario más, sino alguien colocado en el origen de una literatura enorme. Luego, al investigar, supe que Vinyes no solo conoció al joven García Márquez: antes de eso ya había creado, desde su librería, un foco de crítica literaria y lectura, discusión y ansias de modernidad que hizo posible la revista Voces, una publicación literaria fundamental en Hispanoamérica, anterior al llamado Grupo de Barranquilla.

Me interesaba el García Márquez anterior a ser uno de los autores más leídos de la historia y al Nobel. No el mito, sino el muchacho que todavía no sabe si será capaz de escribir. Que viaja a Barranquilla casi por azar y encuentra colegas, conversación, lecturas recomendadas, ironía, amistad y autoexigencia. Mucho antes del Grupo de Barranquilla están la revista Voces y la librería de Ramon Vinyes, y todo el pasado de ambos protagonistas. Todo eso era importante ordenarlo bien, y lo será sobre todo en el próximo 2027 con las celebraciones del centenario: primero están el exilio y ese núcleo cultural que crea Vinyes en Colombia, después vendrán muchos otros amigos y referentes. Mi novela se acerca a ese Gabo joven, inseguro y fascinado que necesita interlocutores y autoestima. Me importaba mostrarlo en formación, y ver qué fácil es perderse en esas etapas, tirar la toalla. Muchos lectores podrán identificarse.

Vinyes arrastra un fracaso muy concreto, nada abstracto: tres guerras, dos exilios, la pobreza, una lengua desplazada, una obra teatral incomprendida, la distancia respecto a los centros influyentes y el desprecio de muchos coetáneos hacia un hombre pobre, provinciano, homosexual y difícil de encajar en las capillitas literarias. Pero no quise dejarlo en víctima. Su grandeza está precisamente en que demuestra que no se necesita triunfar para ser imprescindible. Él ya no confía en el éxito, pero conserva algo más difícil: el valor del propio criterio, de la ironía, la memoria de elefante de haberlo leído todo y la generosidad intelectual de querer compartirlo. Aprenderemos con él que el talento sin contexto puede convertirse en una forma muy triste o muy elegante de perderse, y también que la derrota puede ser útil: saber transmitir lo aprendido mientras uno fracasa es un regalo.

Sí, pero no en el sentido rígido de maestro y discípulo. Ambos interpretan ambos roles. No es una relación escolar, ni una estampita reverente. Vinyes no adoctrina a García Márquez: lo escucha, lo lee con curiosidad, lo provoca, lo acompaña confesándole sus propios fantasmas. Y García Márquez no acude a él solo en busca de consejo, sino de algo más hondo: necesita que alguien confíe en él y lea lo que todavía no sabe si puede escribir, sus probaturas y borradores. Ahí hay admiración, deseo de agradar, inseguridades y una amistad que los modifica a los dos justo cuando ninguno estaba del todo seguro de lo que buscaba. La incertidumbre compartida es el centro de su amistad.

Esta estructura tan ágil nació de tener demasiado material sobre la mesa. La novela atraviesa más de un siglo, dos continentes y muchos escenarios: Berga, Barcelona, Mallorca, París, Ciénaga, Barranquilla, Toulouse, Cerdanyola, México y el territorio simbólico de Macondo. Trabajé con mapas, fechas, la diferencia de edades y niveles de conciencia, desplazamientos, violencias y guerras, exilios, mis bloqueos y los de los personajes… y comprendí que tanta investigación podía aplastar lo que quería explicar. No podía contarlo todo, o la novela hubiera sido pesada e interminable, así que opté por seleccionar lo que de veras me emocionaba, las escenas breves, casi fogonazos, que contenían los hechos relevantes que, bien hilados unos con otros, ayudan a avanzar. Me preocupaba que cada capítulo contuviera una revelación o varias, abriera una pregunta, una sorpresa o una herida útiles para el conjunto de la novela. Y diez años de trabajo más tarde parece que lo logré.

Sí, Vinyes y García Márquez no se entienden sin sus desplazamientos geográficos y temporales. Berga explica un origen de Vinyes y Aracataca el de García Márquez; Barcelona, la formación cultural y política de Vinyes, y el paraíso idealizado para Gabito; París, la Europa convulsa y las promesas de gloria que no se cumplen; Barranquilla, el exilio y la posibilidad inesperada de otro comienzo para ambos; México, un refugio y la irradiación definitiva de Cien años de soledad. La novela pasa por la Gran Guerra, la Guerra Civil, el exilio republicano, la Segunda Guerra Mundial hasta Macondo como la invención necesaria fuera de todo eso. Y llega hasta nuestro presente porque quien reconstruye esa historia tampoco es una voz neutra.

Ese plano apareció tarde, y fue decisivo. Durante años intenté contar la historia desde fuera, con rigor documental, fechas y lugares. Pero llegó un momento en que comprendí que no bastaba. Había algo en Vinyes, en García Márquez y en todas esas preguntas sobre el fracaso, la vocación y el reconocimiento que me interpelaba de forma directa. Entonces se pusieron a dialogar con la historia mi infancia, mi padre en la cárcel y el resto de mi familia, mis miedos, mis relaciones de pareja, mis alegrías y vergüenzas. No como desahogo, sino porque todo afectaba a la raíz de la novela: por qué elegí esta historia, o ella a mí, y por qué he tardado más de diez años en poder escribirla

Sí. La novela habla del vértigo de escribir sin garantías, del talento que no basta y del entorno que no siempre acompaña cuando uno no pertenece a la familia, la clase o la capillita adecuadas. No en vano el título provisional con el que me presenté al Premio Ciudad de Badajoz de Novela 2025 era Todo el mundo es sabio hasta que se sienta a escribir. Ese lema me ha acompañado durante todo el proceso, y se ha cumplido: escribir desmonta unas certezas y obliga a reconstruir otras desde un lugar incómodo y verdadero. La verdad íntima del escritor.

Uno puede jugar a ser escritor y sostener ideas brillantes en una conversación o incluso defender teorías racionales sobre la buena o mala literatura, pero al sentarse a escribir aparece otra cosa: las inseguridadades, el miedo, la vanidad, el deseo y el miedo de ser leído, el ansia de agradar y la posibilidad muy real de no estar nunca a la altura. Eso nos atraviesa a los tres: a García Márquez cuando todavía no sabe si será capaz de una primera novela, a Ramon Vinyes cuando ya no espera ser ni recordado, y a mí mientras intento entender el misterio de esta historia que me elige para ser contada desde mi más tierna infancia.

El librero de Macondo trata de ese punto exacto en el que la vocación deja de ser una conjetura y se convierte en una práctica que te expone. De lo que se pierde, de lo que eres y de lo que no llegarás a ser, de lo que uno arrastra —una patria, una lengua, una infancia, mil heridas— y todo duele una barbaridad y aun así decides apostar por ponerlo en palabras. Es incómodo: escribir no garantiza nada, pero permite una lucidez que no se consigue de otra manera. Quizá por eso los humanos seguiremos haciéndolo, leer y escribir de veras, por mucha IA que trate de imitar y suplir a los escritores.

LA AUTORA

Roser Amills (Algaida, 1974) es escritora. Filóloga de vocación, se formó en la UB y la UAB de Barcelona. A los veinte años ganó el Premi de Narrativa de Sant Jordi de la Universitat de Barcelona y el primer Premio de Poesía de la Universidad Politécnica de Madrid. Desde entonces ha publicado decenas de libros de poesía, narrativa y ensayo, y ha sido traducida al inglés, francés, alemán, portugués, ruso e italiano. Formada en Dramaturgia por el Obrador Internacional de la Sala Beckett, en Guion Cinematográfico por RTVE y en Estudios de Género en la Universitat de les Illes Balears, ha estrenado obras de teatro y dos guiones documentales para el cine. Compagina la creación con la pedagogía literaria en talleres de escritura y expresión, y ha desarrollado una prolongada trayectoria como periodista cultural en medios como Catalunya Ràdio, TV3, RTVE-La 2, RNE, IB3, Última Hora y La Vanguardia. Actualmente dirige el programa de radio L’illa sense calma en Ona Mediterrània. Entre otros reconocimientos, ha recibido el Micrófono de Plata de Informadores de Prensa, Radio, TV & Internet de APEI-PRTVI en 2011, los premios La Llança de Sant Jordi de Òmnium Cultural en 2011 y 2012, el Premio TOI de Profesionales de la Comunicación y la Cultura en 2020 y, en 2025, el Premio de Novela Ciudad de Badajoz.

XXIX PREMIO DE NOVELA CIUDAD DE BADAJOZ
El librero de Macondo
Roser Amills
Distribución: 06/05/2026
EAN: 9788419132857
Código: 0010397536
15 x 23 cm / 288 pp
PVP: 17,31 / 18 euros
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