Vandalia publica la edición corregido y aumentada de uno de los libros fundamentales de Andrés Trapiello

La nueva edición de La Fuente del Encanto incorpora numerosos pasajes inéditos y dieciséis poemas nuevos
 
Alternando el verso y la prosa, Trapiello deja en esta antología comentada su autorretrato más íntimo y verdadero
 
La crítica y los lectores saludaron la primera edición del libro como una memorable lección de vida y de poesía

La Fuente del Encanto

Andrés Trapiello

Fruto de casi medio siglo de dedicación al género, la edición corregida y aumentada de La Fuente del Encanto ofrece una selección de más de noventa poemas, escogidos por Andrés Trapiello entre sus diez títulos publicados hasta la fecha, acompañados de un historial en prosa donde el poeta evoca su trayectoria desde los años de la infancia. El libro está concebido como un relato, una larga meditación sobre la vida y la poesía. A la prosa le está encomendada la parte narrativa y el recuento de la vida: primeros pasos, lecturas, maestros, amigos, ediciones, poéticas personales y generacionales y cuantos asuntos ayudan a comprender y contextualizar los poemas que se intercalan a lo largo de la narración. En ellos, la parte sustancial, han cristalizado los sentimientos y pensamientos que hablan de su autor con la mayor verdad e intimidad. Con este volumen resume Trapiello su personal contribución al vasto y secular itinerario de una verdad y una belleza hechas entre todos y para todos.

Entrevista con el autor

En cierto modo todas lo son, con más razón las de carácter autobiográfico. Las vidas duran, y los libros que tratan de ellas deberían durar lo que ellas. Sólo que nuestro final no está en nuestra mano contarlo. Pero mientras se pueda, ha de ir uno añadiendo al libro lo que el tiempo le añade a nuestra vida. Sin contar el hecho de que el pasado está modificándose continuamente. Lo recordamos distinto a medida que cumplimos años, y a menudo recordamos otras cosas, en ocasiones valiosas para nosotros.

Es una antología más que comentada, al servicio de una vida. Poemas que ayudan a entenderla mejor. De no ser por ese carácter subsidiario,
probablemente figuraran otros poemas también. En todo caso hay que decir que la mayor parte de los poemas que he escrito son autobiográficos. Me resulta muy extraño escribir de asuntos que no me han incumbido directamente.

En la infancia, no sólo en la mía, en la de la mayor parte de las gentes, se han depositado imágenes, emociones, ilusiones, afectos y penas que de una manera milagrosa se conservan intactas, si acaso no más depuradas, a lo largo de nuestra vida. Se ha dicho que la infancia es nuestra patria verdadera. Y algo de eso hay. Es un territorio especialmente fértil y del que han ido apareciendo la mayor parte de las impurezas. No hay además lugar en ella para la retórica. La retórica es una invención de la edad adulta. Por eso, en las memorias de la gente, todo lo que tiene de grata la lectura de los primeros años, suele transformarse después en afectación y petulancia. Pensar la infancia suele conllevar el pensar sin afectación. Luego nos vamos estropeando, sí.

Eso he creído. Ahora, la condición de poeta no es algo de lo que podamos arrogarnos por un acto de la voluntad. La poesía es un don que recibimos doblemente, en caso de recibirlo. Al escribirla, se diría que nos llega por misteriosos conductos. Y una vez escrita son también los demás quienes te señalan como poeta. Raramente se producen las dos cosas al tiempo. Lo normal es que la gente señale como poeta al que no lo es, y que el poeta auténtico se muera sin ese reconocimiento y sin saber nunca a ciencia cierta qué ha estado haciendo y cuál es su verdadero valor. Así que es mejor no ocuparse de ello, y llevar una vida noble y en verdad poética, haciendo todo lo necesario por
merecerla.

Es también algo común a la mayoría de los poetas. O de los poetas que he leído. Y es así porque en la naturaleza las cosas se relacionan de una manera armoniosa, y en la armonía está la base de la belleza. Y los poemas buscan en la belleza una verdad inalterable. Por eso Keats las equiparaba, no es posible concebir la belleza sin la verdad y al revés. En el campo, oyendo un pájaro, frente al mar, en una noche de luna se diría que nuestro espíritu busca equivalencias, armonizarse también con ella.

Por libre acaban yendo un poco todos los poetas. Los maestros te acompañan hasta un punto. Luego ha de seguir uno solo. Y los maestros son siempre pocos, escogidos en razón de nuestras afinidades. Soy un lector curioso de poesía. Hoy no es difícil conocer unos cientos de poetas, están al alcance de nuestros móviles. Como las personas. Hay quienes dicen: me siguen o me han dado su amistad en las redes sociales mil, dos, treinta mil seguidores. Está claro que nadie puede ser amigo de tantos. En nuestras bibliotecas hay demasiados libros. Los que lees, son muy pocos. Y a partir de cierta edad cuando dices leer estás hablando de releer.

Se completan, como el verso y la prosa. Próspero viento es la prosa. Pero quiero pensar que no está muy lejos de la poesía. Como procura uno que su vida, también la más prosaica, esté vivida con cierta armonía, sin desentonar mucho.

No sé. Poner aquel título fue una provocación. Estaba uno bastante harto de tanta vanguardia. No podía más. Es obvio que no logré gran cosa. El año que viene se va a celebrar el centenario de la generación del 27, la más vanguardista. No ha empezado todavía, y ya está uno empachado. Yo creo que los poetas están siempre al margen de las tradiciones y de las vanguardias. Lo que es clásico hoy, es romántico mañana. Mucho de lo moderno de ayer a mí me parece hoy viejo y rancio. En cambio, otras cosas que las teníamos por viejas, las encontramos de lo más actuales. Al final es uno quien se ha de buscar sus propios clásicos y modernos. Con frecuencia el verdadero moderno es el inactual. Por lo mismo que hoy vemos cómo los más reaccionarios son muchos que se dicen progresistas.

el autor

Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) es autor de las novelas La tinta simpática (1988), El buque fantasma (1992), La malandanza (1996), Días y noches (2000), Los amigos del crimen perfecto (2003), Al morir don Quijote (2004), Los confines (2009), Ayer no más (2012), El final de Sancho Panza (2014) y Me piden que regrese (2024). Su diario, Salón de pasos perdidos, ha llegado con De todo tiene (2026) a las veinticinco entregas. Como ensayista ha publicado, entre otros, Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939) (1994, 2019), Imprenta moderna. Tipografía y literatura (1874-2005) (2006), El arca de las palabras (2006), El Rastro (2018), Madrid (2020) y Madrid 1945. La noche de los Cuatro Caminos (2001, 2022). Sus cuatro primeros libros de poemas fueron reunidos en Las tradiciones (1991), volumen al que siguieron Acaso una verdad (1993), Rama desnuda (2001), Un sueño en otro (2004), Segunda oscuridad (2012), Y (2018) y El buen suceso (2026).

VANDALIA

La Fuente del Encanto. Poemas de una vida (1980-2026)
Edición corregida y aumentada
Andrés Trapiello
Distribución:18/11/2026
368 páginas + 32 láminas | 13 x 21,5 cm.
PVP: 19,90 €